Hubo un tiempo en el que una comarca, escondida entre altas montañas y un caudaloso río, vivió una época de esplendor económico, gracias a lo que escondía en lo más hondo de su corazón; carbón, extraído de numerosas minas que suministraban de tan preciado mineral a un país entero. Un esplendor que presumiblemente iba a instalarse en la comarca durante al menos dos siglos.
Cuentan también que por esa diminuta comarca todos los días circulaban unos ferrocarriles aún más diminutos, que desprendían un humo blanquecino mientras transportaban con fuerza el valioso carbón, comunicando la materia prima con su destino: los Altos Hornos de Bilbao.
1930, es el año en que comienza nuestra historia. Es el año en el que, una emprendedora empresa británica decide instalarse en la localidad de Sabero con el objetivo de comenzar a extraer el carbón de la villa.
La localidad, instalada en la ahora llamada Montaña Oriental Leonesa vio así como el empleo comenzaba a aflorar en la zona, al igual que afloraba el carbón de los yacimientos mineros.
En 1947, se produjo otro hecho de vital importancia tanto en la comarca, como en la propia Península Ibérica: la empresa Palentino-leonesa de Don Miguel Botías, decide instalar en la misma Villa de Sabero, los primeros Altos Hornos que funcionaban a base de cok en España, en la llamada Ferrería de San Blas.
Pasado el tiempo, comienza a intuirse la crisis económica que afectaría a toda Europa y que serviría como antesala de dos de los episodios más lamentables de la historia de la humanidad: la I y II Guerras Mundiales.
Este periodo de dificultades económicas e incertidumbre provocó que el precio del carbón británico subiera repentinamente, por lo que el coste de su transporte a los Altos Hornos de Bilbao en grandes barcos resultaba excesivo.
Todo esto suponía un grave problema para la industria vizcaína, por lo que en 1989 dos financieros vascos deciden apostar por la creación de un ramal ferroviario que ponga en contacto las provincias de León y Bilbao, llevando así de manera más barata el carbón a los Altos Hornos bilbaínos.
Tras consultar precios, deciden que el trazado este compuesto por un ramal de vía estrecha, debido a que resultaba más económico que instalar la vía ancha durante todo el largo recorrido que el ferrocarril debería realizar.
De este modo, comenzada la década de los 90, comienza la operación de construcción del ramal ferroviario. Aunque la duración estimada de la obra estaba en seis años, el director de la operación decide dividir el trabajo en cuatro cuadrillas, cada una de las cuales se ocuparía de la construcción de la vía en un área geográfica determinada.
De esta manera, lo que en un principio iba a costar seis años de duro trabajo, se rebajó a cuatro años. El director de la obra sin embargo, fue despedido por este hecho, al no estar aún el ferrocarril preparado para comenzar con las labores de transporte de carbón, ni todas las estaciones totalmente acabadas.
El denominado desde aquel entonces como Ferrocarril de La Robla, comenzó a funcionar en 1894, recorriéndose la franja norteña de España, y comunicando las provincias de León, Palencia, Burgos, Cantabria y Bilbao.
Por fin las minas de la Villa de Sabero, que habían pasado a formar parte de la empresa Hulleras de Sabero y Anexas S.A (descendiente de la Sociedad Palentino-leonesa de Minas), podía exportar la hulla hasta las potentes empresas siderúrgicas vascas.
Sin embargo, otro problema existente era la lentitud con la cual se transportaba el carbón desde las minas de Sotillos y Olleros de Sabero hasta Cistierna, lugar en el cual se cargaba el Ferrocarril de La Robla.
Por esta razón, los empresarios deciden alargar el ramal métrico de Cistierna a Sabero.
La ampliación de la vía tuvo lugar en 1899. Paralelamente a su construcción, se procedió a la elaboración de un complejo en el que edificar unos lavaderos de carbón. De este modo, a aproximadamente 3 Kilómetros de Cistierna se construye Vegamediana, lugar en el cual, además de edificarse los mencionados lavaderos de carbón, se construyeron una casa de máquinas, una fábrica de braquetas, talleres, sierra, etc, además de comedores para los trabajadores.
El recorrido del tren minero comenzaba en el complejo industrial de La Herrera en la Villa de Sabero, en el cual se cargaba el carbón que se había extraído de las minas de Olleros de Sabero y Sotillos. Desde allí el tren llegaba a las instalaciones de Vegamediana, en las que la hulla era lavada, tratada y convertida en briquetas de cok por los llamados hornos de coquización.
A continuación, estas briquetas eran transportadas a Cistierna por el ramal ferroviario, situado cerca de los campos de cultivo trabajados a orillas del río Esla.
Una vez que el tren había llegado a la estación de Cistierna, la locomotora apartaba los vagones en las vías de lo que durante un tiempo fueron los lavaderos de Carbones del Esla, y regresaba a Vegamediana.
Las encargadas de transportar el carbón de Sabero a Cistierna eran diferentes locomotoras de vapor. Hulleras de Sabero y Anexas S.A llegó a poseer más de una docena de locomotoras.
La historia de este pequeño tren minero llega hasta el lamentable cierre de las minas en 1991.
A pesar de los esfuerzos de los trabajadores, la principal fuente de empleo de la Montaña Oriental Leonesa desapareció, al igual que muchos de sus habitantes, resignados a emigrar a las ciudades en busca de un futuro mejor para ellos.
De esta manera, los viajes del fascinante tren minero de Sabero llegaron a su fin.
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